Madeleine Zillhardt: Vivir sin Louise Breslau.

Contre-Jour (contraluz) Louise Catherine Breslau y Madeleine Zillhardt por Louise Catherine Breslau (1888).


    Complemento del que ya hemos publicado sobre Sophie Schaeppi, en esta ocasión le dedicaremos un artículo a Louise Catherine Breslau, la gran rival de Marie Bashkirtseff en la Academia Julian, y también —puesto que es imposible abordar a ninguna de ambas por separado— a su musa y compañera, la talentosa Madeleine Zillhardt, de la que tan poco es lo que conocemos. Tal vez sea así porque ella misma inmoló en la modestia su propia memoria para que la de su partenaire llegue hasta nosotros con mayor nitidez.
 



    Corría el año 1928, el planeta chapoteaba en sus Años locos y estaba listo para sumergirse en la Gran depresión. Madeleine Zillhardt, aquella pelirroja etérea que cuatro décadas atrás había deslumbrado a Louise Breslau con su belleza y su jovialidad, tenía sesenta y cinco años y acababa de hacer un buen negocio. Merced a una sólida formación artística, había tenido la suerte de descubrir un pequeño tesoro, un dibujo —no sabemos cuál—, a precio de ganga y los cinco francos invertidos se transformaron rápidamente en mil quinientos, una suma nada despreciable para aquella época. 

    Pero Madeleine no podía sentirse afortunada. Estaba de duelo desde el año anterior: Breslau, su compañera durante cuarenta años había abandonado el mundo, la tristeza ocupaba su lugar y tal vez lo hará durante sus próximos dos decenios de vida. ¿Qué podría hacer con esa pequeña fortuna? Ninguna otra cosa que aquello a lo que se dedicará de allí en más: perpetuar la memoria de esa mujer que había tenido en sus manos su corazón y su destino

Louise Breslau, retrato de Madeleine Zillhardt. Museo del Louvre, Departamento de artes gráficas.


    Madeleine, a través de Blanche Peyron, esposa del comisionado del Ejército de Salvación, comprará entonces una gigantesca barcaza abandonada, toda de hormigón construida, y la entregará a esa institución con el fin de que sea transformada en asilo flotante para cobijar a gente sin techo de París. La condición fue que la barcaza portase el nombre de Louise Catherine. Al año siguiente, bajo el mecenazgo de Winnaretta Singer, el ya célebre arquitecto Le Corbusier remodelará la embarcación y la dejará lista para cumplir su función: un gran comedor, cocinas y tres vastos dormitorios con ciento sesenta literas darán cobijo cada día a otros tantos desamparados. 

Ayer y hoy de la barcaza Louise-Catherine, asilo flotante del Ejército de Salvazión.

    Acotemos entre paréntesis que en 2008 la barcaza Louise Catherine, anclada en el Sena, fue declarada monumento histórico por la ciudad de París y hoy día se la está restaurando para ser utilizada con fines culturales.  

La barcaza Louise-Catherine, proyectos para la restauración.

    Un año más tarde, Madeleine, heredera universal de Louise Breslau, donará un total de sesenta y seis de sus obras al Museo de Bellas Artes de Dijon, ciudad del Este de Francia. Esta generosa actitud ha evitado que la obra de la talentosa rival de Marie Bashkirtseff quede desperdigada en el espacio y en el tiempo, tal como ha ocurrido con la de tantos otros artistas. En el año 2005 el museo ha organizado una exposición de esas obras, «Louise Breslau en la intimidad del retrato», en la que se han podido apreciar los temas que le interesaban a la artista: autorretratos, su entorno, la vida infantil, sus camaradas de atelier, el retrato mundano y además escenas intimistas.


    Pero será en 1832 cuando Madeleine concluya su obra más importante en aras de la memoria de Breslau: a modo de catarsis tal vez, se había dedicado a escribir acerca de aquella cuya vida había compartido durante tantas décadas. En esas páginas Zillhardt se revela como una escritora lúcida y de pluma habilidosa. El libro corrió por cuenta de la editorial francesa Des Portiques y se llama Louise Catherine Breslau et ses Amis (y sus amigos). Les leo su primer párrafo:

    «No puedo ¡por desgracia! resucitar ni las queridas facciones, ni el espíritu, ni el arte de la amiga con quien se escurrió mi vida, esa que ella había tan profundamente colmado. Desde que me abandonó, el universo para mí está vacío y la vida no tiene más sentido; pero intentaré anotar los episodios de su carrera de artista...».
    Es en buena parte basados en esas páginas que estamos redactado el presente artículo. 

 

    Después de este episodio perdemos contacto con la existencia de Madeleine. Pocos son los datos que hemos podido descubrir acerca de su vida, excepto que había estudiado pintura en la Academia Julian y que luego se inclinó por el arte decorativo, disciplina en la que fue muy reconocida en su época.
    No habría dudas acerca del año en que nació, 1863, en la ciudad francesa de Saint-Quentin, pero sí sobre el de su muerte, que en algunas fuentes aparece como 1932, el mismo en que publicó su libro.
    Creemos más factible que se haya extinguido en 1950, a los ochenta y tres años, tal como aparece en la información de la Biblioteca Nacional de Francia, dato que se corrobora en el site del Museo d'Orsay acerca de un cuadro de su hermana Jenny Zillhardt (foto), Una joven (que podría ser Madeleine) con un gato . La información consignada allí dice así: «Hasta 1951 en la colección de Marie Madeleine Zillhardt, hermana de la artista. En 1951 donado por la hermana al Museo Nacional de Arte Moderno». El año de diferencia es, probablemente, el que demoró la ejecución testamentaria.
     Marie sería, entonces, el primer nombre de Madeleine.

 
Jenny Zillhardt, Una joven con un gato, tal vez retrato de juventud de Madeleine Zillhardt. Museo d'Orsay, París, Francia.

 
    Así pues Madeleine, siete años menor que Louise, la habría sobrevivido veintidós. ¿Cómo habrá sido su vida durante ese tiempo? Su hermana Jenny —destacada pintora, condecorada con la Legión de Honor— morirá en 1939. ¿Qué es lo que habrá hecho Madeleine en sus años de madurez? Mujer activa como veremos que había sido, probablemente continuó con su trabajo en tanto le haya sido posible. Tal vez escribió. En 2015 fue publicada otra obra suya, esta vez sobre Edgar Degas, el pintor que había sido tan amigo de Breslau, (Monsieur Edgar Degas. Madeleine Zillhardt. Ed. L’Echoppe. Agosto 2015), aunque no sabemos cuándo lo escribió. Aún no lo hemos leído. Desconocíamos su existencia.
    ¿Habrá otras obras inéditas de Madeleine? Es posible. Sabemos que en 1930 había publicado en la Revue de Paris un artículo titulado Souvenirs et Portraits (recuerdos y retratos), acerca de Degas, Fantin Latour y el conde de Monstesquiou que, probablemente haya sido la base para el libro sobre Degas. 



    Pero, torpeza la mía, es de la artista célebre y no de su partenaire que yo debería estar hablándoles en este momento (¿cómo encuadrar aquí el —¿misógino?— adagio de que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer?)

    No es éste el lugar para una biografía así que nos limitaremos a una lacónica cronología, tanto como para rellenar los huecos de Wikipedia.

    Maria Luisa Katharina Breslau nació en Munich, Alemania, el 8 de diciembre de 1856. A los dos años se radicó con sus padres, Bernhard Heinrich Breslau y Katherina, baronesa von Brandenstein, en Zurich, Suiza, donde transcurrió su infancia y su adolescencia. Su padre, médico y profesor, estaba al frente del servicio de obstetricia y ginecología de la Universidad de Zurich. Cuando Maria Luisa tenía diez años aquél se infectó durante una intervención y murió, el 31 de diciembre de 1866. Maria Luisa era la mayor de cuatro hermanas, dos de ellas mellizas, Marie-Henriette y Emma Maria (1859-...) y de Bernhardine (1867-...), nacida dos meses después de la muerte de su padre.

Louise Breslau, retrato de una de sus hermanas, según su biógrafo Arsène Alexandre, aunque para otras fuentes sería Madeleine Zillhardt. Da la impresión de que el perfil no condice con el de esta última. El pomerania, sin embargo, es Sonino, el perro que Maria Feller, de regreso de su viaje de bodas por Italia, le había regalado a Breslau y que ésta  también pintó en el cuadro Les Amies. Breslau pintará a otra de sus hermanas en su obra Chez Soi, que reproducimos más abajo.

    Maria Luisa padecerá asma desde ese momento y por mucho tiempo no podrá dejar su habitación, situación que la condujo a apasionarse por la lectura y a abordar el dibujo con gran intensidad. Completará sus estudios en un convento y tomará lecciones de pintura en la academia del pintor Eduard Pfyffer (1836-1899). 
    Cuando comprendió que en el medio en que vivía jamás podría desplegar sus alas, decidió viajar a París. Su madre, aunque no compartía su entusiasmo, debió rendirse ante la insistencia de la futura gran artista, no sin antes hacerle prometer que jamás pintaría hombres desnudos, compromiso que le permitió además asegurarse la aprobación de su tutor y una mensualidad de ciento cincuenta francos, los cuales, a duras penas, le alcanzarían para vivir. Pero dejemos que Marie Bashkirtseff nos aclare en qué quedó aquel juramento:

«De hecho, de las mujeres sólo Breslau y yo comprendemos con tanta claridad la academia [el desnudo]. Pocos artistas dibujan tan bien una academia como ella o yo.» (Miércoles 24 demarzo de 1880)


    Llegó a París con su madre en junio de 1876 y se instaló en una vieja pensión de familia en el barrio de Passy. Según palabras de su biógrafo, el crítico de arte Arsène Alexandre (1859-1937, en la imagen retratado por Carolus Duran), Breslau quedó deslumbrada por París. La primera noche fue su primera noche en que pudo respirar sin dificultad. Tenía veinte años y se inscribió inmediatamente en la Academia Julian. Allí, la alegría de poder entregarse a un esfuerzo tan apasionado le impedían darse cuenta de la pobreza, de las dificultades de la vida y de la incertidumbre del porvenir. A menudo recorría a pie los seis kilómetros que la separaban del atelier de mujeres, un altillo de techos vidriados recaldeado por el sol invierno y verano al que se accedía por una maloliente escalera pero que contaba con los mejores profesores de París.

   
    De la muy completa biografía de Louise Breslau publicada en la obra de Christine Huguenin Mujeres artistas pintoras a través de los siglos también hemos extraído material para completar este esbozo a vuelo de pájaro.

    En su paso por la Academia Julian Breslau pudo estrechar amistad con otras mujeres pintoras, entre ellas la francesa Jenny Zillhardt (1857-1939) la suiza Sophie Schaeppi (1852- 1921) y también la irlandesa Sarah H. Purser (1848-1943), que será su confidente a lo largo de toda su vida (Breslau Louise. Lettres (cartas) à Sarah Purser (1884-1926), National Library of Irland, Dublin. Irlande.) De todas ellas ya hemos hablado en anteriores entradas. 

    Durante el año 1877, Maria Louise viaja a través de Europa: Inglaterra, Italia, Alemania y Holanda. 

    Por aquel entonces Marie Bashkirtseff hará su ingreso al atelier de mujeres.

«Hoy nos mudamos al 71 de Champs-Elysées. A pesar de todo ese trajín, tuve tiempo de ir al atelier Julian, el único serio para mujeres. Allí se trabaja todos los días de ocho a doce y de una a cinco. Un hombre desnudo posaba cuando monsieur Julian me condujo al salón.» (Martes 2 de octubre de 1877)

    Así lo cuenta Madeleine: «Antes de la llegada de la fastuosa Marie Bashkirtseff no había ninguna alumna rica en el atelier y mi hermana Jenny que, con el dinero de bolsillo que mi padre le enviaba a veces les obsequiaba a sus camaradas con tartas y vino espumante, daba la impresión de ser una mecenas (...) La llegada de la despampanante Marie Bashkirtseff seguida de su negrito y de su perro causó sensación entre las estudiantes poco afortunadas del atelier Julian.»

    Marie Bashkirtseff pronto detectará entre todas aquellas muchachas —que años más tarde habrán de convertirse en destacadas pintoras— a la única que podrá ser su rival en el atelier:

«Breslau recibió muchos cumplidos de monsieur Robert-Fleury. Yo no. La academia estaba bastante bien pero el retrato no. Me pregunto con terror cuándo llegaré a dibujar bien. Hace quince días que trabajo, exceptuando por supuesto los domingos. ¡Quince días! Breslau trabaja desde hace dos años en el atelier y tiene veinte. Yo tengo dieciocho. Pero Breslau ha dibujado mucho antes de venir aquí… ¡Y yo!... Miserable.» (Sábado 20 de octubre de 1877)

   Durante los siguientes cuatro o cinco años ambas continuarán su formación en la Academia. Marie Bashkirtseff nunca dejará de medir sus progresos comparándose con la evolución de Breslau.

«Estoy espantada del porvenir de Breslau. E irritada, eclipsada, triste. ¡Es demasiado malo! Hace siete semanas que pinto, hace dieciocho meses que lo hace ella, es decir, setenta y dos semanas. Más de diez veces más que yo. Pero eso no es todo. Ella compone y en lo que hace no hay nada de femenino, de banal, de informe. Ya es una artista y apenas tiene veintidós años. Se hará notar en el Salón porque, además de la calidad de su ejecución, no se contentará con elegir un tema ordinario. Estoy realmente loca al envidiarla, soy una niña en el arte y ella es una mujer.» (Viernes 22 de noviembre de 1878)

    Durante 1878 ocurre el episodio nudista de Marie Bashkirtseff ante Breslau y Schaeppi que hemos descripto en la entrada dedicada a esta última.

    Louise Breslau se había mudado a una buhardilla sobre la avenida de la Grande-Armée con Sophie Schaeppi y Sarah Purser. 

    En esa época conoció a una joven cantante italiana llamada Maria Feller, de quien quedó prendada. Maria Feller era hija de una bailarina y de un conde italiano y parecía que llegaría a convertirse en una destacada virtuosa de su tiempo. Durante 1878 habrá de pintarla en el cuadro Tout passe (Todo pasa) que expondrá en el Salón del año siguiente y cuya imagen, lamentablemente, hasta el momento no hemos podido detectar.

«La pintura de Breslau es una inmensa y hermosa tela ocupada por un grande y bello sillón de cuero dorado, en el cual está sentada se amiga Maria, en vestido de un verde oscuro apagado, algo de azul grisáceo en el cuello. Una mano sostiene un retrato y una flor, la otra un manojo de cartas del que acaba de desanudar su cinta roja. Arreglo simple, sujeto conocido. Dibujo admirable y gran armonía de tonos que son de un efecto casi encantador. » (Lunes 12 de mayo de 1879)

    Durante las primeras épocas podría decirse que un pequeño brote de amistad había nacido entre la rusa y la suiza. Louise pasaba todas las mañanas por la casa de Marie y juntas viajaban hasta el atelier. En casa de Marie, Louise conoció al más destacado de los políticos bonapartistas, Paul de Cassagnac.

Louise Breslau y Marie Bashkirtseff, caricaturas sin firmas, obras de algunas de sus camaradas de atelier. (Colección Del Debbio)

   
    Durante 1880 Breslau obtiene su primer trabajo rentado, el retrato de monseñor Alexis Viard (1814-1886), cuya imagen no hemos podido localizar. Por esta época Louise consigue alquilar un departamento en el N° 40 de la calle de Termes, en el que habrá de vivir por más de veinte años, y un atelier a unas diez calles en el 233 del Faubourg Saint Honoré (1881). Schaeppi y Feller compartirán los gastos del alquiler. Y también, en algunos períodos, Sarah Purser, estudiante de pintura y de historia del arte quien, dicho sea de paso, en Irlanda, fundará un gremio para el renacimiento del arte del vitral en su país. El poeta y estudiante de arte, el inglés Henry Davison, hijo de un crítico de arte y de la célebre pianista Arabella Goddard (foto), alquilaba otro pequeño apartamento en el piso.


Louise Catherine Breslau, Retrato del poeta inglés Henri Davison y estudio previo (1889)

   
    Edgar Degas (foto) se interesará por la autora del retrato de Davison y trabará una estrecha amistad con Louise que se prolongará a lo largo de los años. El cuadro habrá de ser adquirido por el museo de Ginebra por la suma de cinco mil francos.

    Para ganarse la vida, Breslau colabora con ilustraciones en La vie modèrne (la vida moderna). Así lo describe Madeleine: «Con sus cartones bajo el brazo y un perrito de Pomerania blanco a su lado, frecuentaba las salas de redacción donde su juventud, el exotismo de su encantador rostro, la peculiaridad de su vestuario, que esquivaba las leyes de la moda, despertaban la curiosidad de los jóvenes periodistas.»

    Habría que imaginarse a Breslau, que prefería un vestuario acorde al título del periódico para el que trabajaba, junto a Marie Bashkirtseff, que gastaba fortunas en las mejores casas de alta costura de París.

«Hoy, de tres a seis, tuvo lugar la primera lección de anatomía en el atelier. Antes, con un viejo sombrero verde oscuro, cubierta por un abrigo a cuadros verdes, azules y negros, y el aspecto de una verdadera suizota, había ido a pasear por el Palacio Real con Breslau, mientras esperábamos al modelo.» (Lunes 8 de abril de 1878 )

    Eran las épocas en que todo estaba bien entre las dos más talentosas alumnas del atelier de mujeres y Marie pensaba que podría hacerse un lugar en el humilde pero tan artístico ambiente en el que vivía la suiza. Marie Bashkirtseff visitaba la buhardilla en la que vivía Louise y compartía con ella y con Schaeppi las clases de anatomía que venía a impartirles un profesor particular al palacete de los Bashkirtseff.

Louise Breslau y Marie Bashkirtseff, fotos de época, coloreadas.


    Pero la rivalidad entre las dos más talentosas del atelier de mujeres habría de terminar por enfriar la relación. Las intrigas en el seno del atelier de mujeres tampoco vinieron a ayudar.

«Es un vestigio del excelente sistema de perfidia que Amélie ha empleado con Breslau, que terminó por ser deshonesta conmigo de tanto escuchar que no parecía más que una criada.» (Lunes 24 de noviembre de 1879 )
  Así, durante los siguientes años sólo hubo una cortés frialdad entre ambas.
«Yo pintaba a Thellinge teniendo allí a mi modelo. Breslau me hizo preguntar si podía utilizarlo y yo consentí generosamente, entonces ambas ofrecimos, ante todo el atelier al acecho, el conmovedor espectáculo de estar lado a lado, como dos amigas. Todas son unas niñas, yo me río de esas cosas. (...) A esta buena Breslau la hago rabiar diciendo que mi cuadro encontró un comprador por mil quinientos francos...» (Sábado 8 de mayo de 1880)
    En 1880 Breslau viaja a la Bretaña francesa. Allí conoce al pintor Jules Breton (1872-1940) que se interesará por su trabajo. También a los pintores Jean-Louis Forain (1852-1931) y Henri Fantin-Latour (1836- 1904) y al escultor Auguste Rodin (1840-1917) quienes igualmente habrán de guiar su evolución.
    Poco tiempo después Maria Louisa Katharina decide cambiar su nombre y será a partir de entonces Louise Catherine Breslau.

    En este año de 1880 pintará Les amies, el cuadro en el que retrata a su musa y compañera, Maria Feller; a su amiga, compatriota y camarada Sophie Schaeppi y a ella misma. El cuadro, más que el retrato de Las amigas era el de La Amistad, nos revela la decimonónica pluma de Arsène Alexandre. Expuesto en el Salón de 1881, obtuvo una mención honorable. 

Louise Breslau, Les Amies (las amigas), Maria Feller, Sophie Shaeppi y autorretrato de Louise, con el pomerania Sonino.

«Breslau obtuvo su mención, ahora tiene pedidos. Madame Cartwright, que la protege mucho y en cuya casa ha conocido a los principales artistas, le encargó su retrato para el próximo Salón… Ya ha vendido tres o cuatro cosas. En fin, allí está, lanzada en la carrera. ¿Y yo?... Yo estoy tísica. (Miércoles 27 de julio de 1881)

    Escribe Arsène Alexandre en su biografía de Breslau: «En una época en que la lucha por las medallas era encarnizada, que comportaba intrigas, tráfico de influencias, comercio y hacía nacer odios, era necesario que una obra firmada por un autor desconocido se impusiera por cualidades indiscutibles.» Marie Bashkirtseff perdió mucho tiempo en su último año de vida pintándole un cuadro a Claire, la hija del mariscal Canrobert —una gloria de Francia— para que ésta la pudiese presentar como propia en el Salón:

«¿Y por qué voy a ser tan buena? Porque… los Canrobert pueden serme útiles para el Salón… Citemos, a propósito de protecciones, esta admirable frase de monsieur Renan: "El mundo es tan débil de espíritu que hasta la cosa más pura tiene necesidad de la cooperación de un agente impuro para tener éxito".» (Lunes 17 de diciembre de 1883)

  Aunque el maestro Julian, amigo de los más importantes maestros académicos de la época, que integraban el jurado, también había intercedido por Breslau y su obra Les Amies:

«Entonces, como el asunto no es posible para mí pero sí para Breslau, él va a hacer fuerza por Breslau. Está disgustado porque no la aprecia pero es una alumna de la casa, todo sea por el negocio.» (sábado 14 de mayo de 1881)



 En el atelier del faubourg de Saint Honoré ese año pintará El té de las cinco para el Salón de 1882. La obra tuvo éxito y fue destacada por el más poderoso de los críticos de arte del momento, Albert Wolff, también venido del otro lado del Rin (en la foto, Albert Wolff por Manet, detalle).


Louise Breslau, El té de las cinco. 

    Breslau ingresa en el círculo de gente del medio artístico de la norteamericana madame Cartwright. Breslau la pinta en un gran óleo y en un pastel.

    Ese año también ejecutará el retrato de Isabelle de Rodays, la hija del director del Figaro, Fernand de Rodays.

Louise Breslau, Isabelle de Rodays.

«Le escribí a Etincelle para decirle que este año pintaré con mucho gusto el retrato de su hija (el año pasado me fui a Niza cuando debía hacerlo) y ella me respondió, con la más amable y la más simpática de las cartas, que me enviará a Mimie el 3 de enero. Si me sale bien, mi fortuna estará echada. Breslau está haciendo el retrato de mademoiselle de Rodays, la hija del administrador del Figaro. Etincelle, que es la cronista del Figaro, hará la propaganda mundana y seguidamente se lo hará ver a Wolff.» (Lunes 1° de enero de 1883)

    Durante 1883 Breslau comenzará a recibir una serie de encargos por lo cual podrá pintar también otros retratos de personalidades y gente de la sociedad de la época y uno de su hermana, Retrato de madame Stockar con su joven hijo.

    En 1884 escribirá artículos para un periódico de arte de Alemania, con impresiones de su vida en París. 

    Ese mismo año, el 31 de octubre, la tuberculosis le habrá de torcer el brazo a Marie Bashkirtseff. 

    «Aunque lejos de aquel París deslumbrante y tentador, he llorado como las demás, en ese duro invierno en una pequeña y solitaria ciudad a orillas del lago Constanza cuando, retirada del resto del universo, yo trabajaba candorosamente, con la austeridad y la convicción ardiente de mi edad, en el retrato de mi pobre madre. Yo creo que todas las camaradas que han trabajado en el atelier al lado de la cautivante rusa han llorado sobre su trágico destino», escribirá Breslau muchos años tarde.

 Louise Breslau, Chez soi, en casa, Retrato de su madre y de su hermana.

    Pero, a la par de la vida de Breslau, debemos continuar.

    En 1885, desalentada por algunas malas críticas, decide regresar al atelier Julian, que había abandonado dos o tres años atrás, aunque sólo permanecerá los meses de abril y mayo. Allí, codo a codo, estudiará junto a una nueva camarada: «...es allí cuando, trabajando una al lado de la otra, dio comienzo a una amistad que sólo terminaría con su muerte o, más bien —querría esperarlo— que no terminará jamás», dejará escrito Madeleine Zillhardt. A pedido de Madeleine, Louise ejecuta su retrato. Madeleine, de una alegría luminosa, no tardó en lograr que Breslau recuperase su ánimo, si nos guiamos por la biografía de Arsène Alexandre. 

     Madeleine, según Alexandre, se dedicaba a las artes del dibujo y de la enseñanza. A veces había entrevisto a Breslau, su vecina, por los jardines de la avenida Niel. Había sido de regreso de un viaje a Varsovia y luego a Constantinopla cuando coincidió con Louise en la Academia Julian. Louise estaba deprimida por los tropiezos de su carrera artística y porque Maria Feller la había abandonado para casarse con un joven aventurero. 

    Ese matrimonio no duró nada y Maria debió regresar a París para vivir miserablemente, según contará más tarde Madeleine. De la efímera unión resultó una hija que se casó a los dieciocho años, tuvo a su vez una hija y en poco tiempo se divorció. Esa niña, Hélène, la nieta de Maria Feller, habrá de ser la última musa de Louise Breslau. Pero de eso hablaremos un poco más adelante.




Louise Breslau, retrato de Madeleine Zillhardt, 1886.

 

    Hagamos un paréntesis para decir aquí que quienes pretendemos estudiar la vida de Marie Bashkirtseff siempre hemos tenido la curiosidad de saber si Madeleine Zillhardt ha sido su condiscípula en la Academia Julian, vale decir, si había compartido las ocho horas diarias —a veces doce, cuando había también horario nocturno— de trabajo y convivencia en el íntimo espacio del atelier de mujeres.

    Jane R. Becker, en su obra Overcoming all obstacles, the women of the Académie Julian, en la que hace un repaso de la epopeya de aquellas muchachas que decidieron hacer carrera en el arte, en tiempos en que el único destino para una mujer era el matrimonio y los hijos, apunta: «Madeleine Zillhardt, una cohorte de la pintora rusa en las clases de Julian...» 
    A su vez, Deborah Davis, en su libro Strapless, sobre John Singer-Sargent y su controvertido retrato de Madame X —de quienes ya hablaremos en un post aparte—, anota: «Madeleine Zillhardt, una amiga de Marie Bashkirtseff, fue testigo presencial de la desesperación de Amélie...»


Overcoming all obstacles, the women of the Académie Julian, de Jane R. Becker, con el Autorretrato con paleta de Marie Bashkirtseff en portada,  y Strapples, de Deborah Davis con el retrato de madame de Gauthreau.

   
    Por su parte, Arsène Alexandre, en su biografía de Louise Breslau de 1928 relata que, cuando Louise regresa por dos meses al atelier, allí se reencuentra (subrayamos el verbo) con antiguas camaradas, «entre ellas, con mademoiselle Madeleine Zillhardt y su hermana Jenny, pintora de talento y de una modestia salvaje...» Si tenemos en cuenta que Breslau había abandonado el atelier Julian cuando Marie Bashkirtseff todavía continuaba allí, el subrayado tiene su importancia porque en ese caso Madeleine debería haber coincidido con Marie en las épocas anteriores.
    Vale destacar aquí que Madeleine Zillhardt deja asentado en su libro que Louise Breslau y Arsène Alexandre se conocían desde los tiempos en que éste daba sus primeros pasos en el periodismo, por tanto debemos concederle cierto crédito a su biografía aun cuando más de uno de sus datos se confirmaron errados. 

    Sin embargo, a nosotros personalmente nos queda la duda. Marie Bashkirtseff jamás menciona a Madeleine Zillhardt en su Diario, sólo a su hermana Jenny, a quien respetaba por su capacidad. En dos oportunidades, eso sí, hace referencia a les Zillhardt, cosa que —puesto que el artículo plural en francés no tiene (inexplicablemente para un idioma tan exquisito) género— podría interpretarse como "los Zillhardt" (la familia Zillhardt) o "las Zillhardt" (la madre y la hija) o, más verosímilmente, las hermanas Zillhardt, ya que difícilmente la madre de las pintoras asistiese a la inauguración del atelier de trabajo de Marie junto con las otras camaradas. En nuestra traducción, optamos por emplear el femenino plural:

«Esta tarde, gran inauguración gran, de mi atelier, en el 37.  Una docena de camaradas se reunieron allí (las Zillhardt, Amélie, Amixe, de Daillens, de Villevieille, Richards, Simonidès, Magdeleine, etc…)» (Domingo 9 de enero de 1881) «Pero de pronto encontré a las Zillhardt y a Julian, que me presentó sus cumplidos por mi cuadro y me dijo que le parece que no está lo suficientemente bien ubicado.» (Domingo 1° de mayo de 1881)

     Quién sabe. Cuando Madeleine nos deja una imagen de nuestra Marie da toda la impresión de haberla tenido frente a frente: «...Su rostro no tenía nada de clásico, la punta ligeramente aplastada de su pequeña nariz, de ventanas ampliamente abiertas y los pómulos ligeramente salientes acusaban sus orígenes asiáticos pero el encanto de su sonrisa, que cavaba un pequeño hoyuelo sobre su mejilla fresca e infantil, era realmente irresistible». 
    De todas maneras, tampoco Madeleine aclara fehacientemente el tema a lo largo de su obra aunque nosotros creemos que, de haber sido compañeras de atelier, no lo hubiese pasado por alto en el capítulo que le dedica a "La rusa".




    Pero regresemos a Breslau. Dos meses duraba su retorno al atelier Julian cuando comprendió que se trataba de un esfuerzo inútil. Continuemos de la pluma de Madeleine: «Disgustada de la banalidad de los modelos académicos en quienes no había ni un gesto espontáneo y que, a fuerza de haber trajinado en los atelieres, habían perdido todo carácter y toda originalidad, abandona rápidamente el pasaje Des Panoramas y, sedienta de aire y de libertad, parte a Sannois, a casa de sus amigos Feugard, en donde se entrega al placer de pintar a su camarada Julie...» 

    Este cuadro habrá de ser adquirido por el museo cantonal de bellas artes de Lausanne, Suiza.

Louise Breslau, Bajo los manzanos, retrato de su amiga, la pintora Julie Delance-Feugard (1886).


    Ese mismo año alquilará un nuevo atelier en el 27 bis de la calle de Bayen, que será frecuentado por Edgar Degas.
    Por esa época Jules Breton le presentará al escultor Jean-Joseph Carriès (foto).
    Carriès tenía un año más que Breslau. «Del primer golpe de vista los artistas congenian y Carriès, tan salvaje, domesticado por esta muchacha no menos salvaje que él y cuyo atuendo no le hacía a la moda la menor concesión, acepta posar para ella», describirá décadas más tarde Madeleine Zillhardt el inicio de aquella relación .



Louise Catherine Breslau, Retrato de Jean Carriès (1886)

    Jean-Joseph Carriès (1855-1894) fue un escultor francés, adscripto a la corriente naturalista, y además ceramista. Hijo de un zapatero, había quedado huérfano de muy pequeño. Marie Bashkirtseff lo había conocido dos años antes.

«Monsieur Carriès nos trajo los dos bustos que compré a cien francos cada uno. Lo retuvimos para cenar. Dio toda la impresión de estar incómodo aquí, aún cuando intentaba demostrar cierto aplomo. Yo sufría por él, imaginándome que debería sentirse muy molesto. Por lo que dice Emile Bastien, es extremadamente pobre. Todo eso me entristeció. Y estoy avergonzada por haber pagado dos obras de arte al precio de un sombrero. En lugar de volverme más amable, esos sentimientos han resultado en apariencia una falta de cordialidad y estoy irritada por eso. Ese pobre muchacho se quitó su gabán en el salón y lo colocó sobre el diván. No conversó. Engelhardt y yo hicimos algo de música, lo que produjo una ligera distensión, pero él seguramente no sabía como conducirse. No le veo ningún espíritu pero, con el talento que tiene, debe ser inteligente, aunque no supimos cómo hacer para que se sintiese cómodo. Por lo demás, es una criatura salvaje, debe ser muy orgulloso y muy desdichado.» (Miércoles 25 de julio de 1883)

    El retrato de Carriès pintado por Breslau es hoy día patrimonio del museo parisino del Petit Palais.

    Louise habrá de enamorarse de este escultor e intentará, aunque en vano, estrechar una relación. Ésta habrá de ser sólo platónica lo que vendrá a afirmar las preferencias sexuales de Breslau, eso nos dice Christine Huguenin. 

    Hacia el final de 1886, Louise Catherine decide vivir definitivamente con Madeleine. Louise tenía en ese entonces treinta años, siete más que Madeleine.

    Digamos de Carriès que, en muy poco tiempo, habrá de desarrollar una fulgurante carrera que lo conducirá, en 1892, a ser condecorado con la Legión de Honor.
    Morirá joven, dos años después, a los treinta y nueve.
    En 1912 Louise Breslau recaudará entre todos los amigos de Carriès los fondos para hacer fundir en bronce la estatua de su amigo y emplazarla sobre su tumba, en el cementerio parisino de Père Lachaise. La escultura es un autorretrato en la que se representa a sí mismo en su atuendo de trabajo, tal como tantas veces Louise lo había visto en su atelier de la calle Boissonnade. De ese atelier «él le había dado la llave. A esa llave la encontré en el fondo de un cofre en el cual mi amiga se complacía en conservar los recuerdos de los seres a quienes había querido», nos confía Madeleine. 

Jean-Joseph Carriès, autorretrato sobre su tumba en el cementerio de Père Lachaise.

    Durante 1887 Louise y Madeleine se entregan a un extenso periplo por la Bretaña francesa. Ese año Breslau pintará a su amiga Sophie Schaeppi en su trabajo con uno de los centenares de platos en los que pintó retratos para el maestro Théodore Deck. «Esa pobre Schaeppi ardía por la pintura con una pasión desafortunada; a pesar de su trabajo encarnizado nunca llegó a hacerse una posición», recordará Madeleine.

Louise Breslau, Sophie Schaeppi decorando un plato para la fábrica Deck (1887)

    Breslau había pintado a Madeleine, a pedido de ésta, en aquellos tiempos de su fugaz retorno por el atelier Julian: «ella hizo mi primer retrato, que me representa con una blusa de terciopelo violeta oscuro, guarnecido con piel y adornado con un jacinto azul».

Louise Breslau, retrato de Madeleine Zillhardt.

    En 1888 pinta Contre-jour, la obra que hemos escogido para la portada de esta nota. «Poco tiempo después he posado para ella una segunda vez para su gran cuadro Contraluz que debía, en su pensamiento, ser la imagen de nuestra vida en común.»

 Louise Breslau, Contre-jour (contraluz). Louise Breslau y Madeleine Zillhardt

    A principios de mayo de 1889, Louise Catherine participa de la cuarta Exposición universal de París, en la delegación de Suiza. Contre-Jour merece allí una medalla de oro de primera clase, lo cual asienta su reputación de artista oficialmente reconocida. La obra fue adquirida por el Museo de bellas artes de Lausanne, Suiza.
    Este año realiza un viaje a Italia, con su madre.

    A principios de 1890 Breslau instala su atelier en un piso arriba de su apartamento de la calle de Ternes. Los encargos de retratos se vuelven cada vez más numerosos. Los retratos de niños y de jovencitas obtienen un gran éxito entre una clientela adinerada. Logra la reputación de ser la mejor retratista, notoriedad que traspasa las fronteras parisinas. Este año pinta Gamines (muchachitas)

Louise Breslau, Gamines (Muchachitas)

    En 1891 el Estado francés adquiere por primera vez una de sus obras Jeunes filles dans un intérieur (muchachas en un interior).
    Breslau se ha convertido un una virtuosa del pastel.

Louise Breslau, Autorretrato, sin fecha.

    En 1893 morirá su madre. Breslau pudo tener la satisfacción de haberla visto asistir a sus primeras luchas y a sus primeros éxitos.

Louise Breslau, Katharina, baronesa von Brandenstein, su madre.


    Un año antes el Estado francés había adquirido Gamines.

    1894 será un año luctuoso. Muere Jean Carriès.
    Por otro lado, el affaire Dreyfus divide a Francia en dos, amigos se enemistan con amigos, familiares no volverán a hablarse con familiares durante una década. «Los viejos odios atávicos de raza y de religión que, desde hacía tantos años parecían extinguidos, vuelven a encenderse y las antorchas del fanatismo que antaño hacían arder las hogueras sacudían por toda Francia las teas de la discordia. La sociedad se dividió en dos clanes enemigos entre los cuales toda relación de amistad o incluso de familia se volvieron imposibles.» 

    La larga amistad entre Edgar Degas y Louise y Madeleine se había roto a causa del affaire Dreyfus. Éstas emprenden un viaje a Holanda.

Louise Breslau, Autorretrato, sin fecha.

    1900 las encontrará en Holanda, gran exposición de Rembrandt. Luego, a Bélgica.

    Después de más de dos décadas, Breslau debe abandonar su apartamento de la calle de Termes, próximo a su demolición. Con Madeleine se mudan al barrio de Neully-sur-Seine, bulevard de Inkermann N° 15. Allí cada una de ellas instalará su espacio de trabajo.




    Porque, a todo esto, ¿qué es lo que hacía Madeleine?

Madeleine Zillhardt por Louise Breslau en Contraluz (detalle)

    Puesto que yo había hecho mención a Madeleine Zillhardt en mi web site sobre Marie Bashkirtseff, hace unos años se comunicó conmigo Susan Arthur, de la International Perfume Bottle Association, que estaba escribiendo un artículo para la publicación Perfume Bottle Quarterly.
    El artículo debía versar sobre la tienda de lujo Delvaux (18 rue Royale, París - circa 1925) y Arthur, que se había encontrado con el nombre de Madeleine asociado con esa firma, me preguntaba si Madeleine Zillhardt podría haber sido uno de los artistas que realizaban (¡manualmente!) para Delvaux envases de vidrio esmaltados para perfumes y juegos de tocador. Yo, que sabía que Madeleine trabajaba con cerámica esmaltada, le respondí que me parecía que era muy posible, aunque sin poder brindarle más precisiones.
    Tiempo después Susan Arthur tuvo la amabilidad de enviarme un ejemplar de la publicación trimestral, una treintena de páginas lujosamente ilustradas, con artículos sobre la historia del envase de perfume, editada por la International Perfume Bottle Association.
    En una de las páginas centrales aparece una fotografía en blanco y negro de una botellita de perfume decorada por Madeleine y en el texo se hace mención a un artículo firmado por Gabriel Mourney: "Son muchos los decoradores que se han rendido al encanto mágico del trabajo sobre vidrio y han obtenido efectos realmente fascinantes por el empleo de esmaltes para las ornamentaciones, citaré sólo a monsieur Jean Luce y a mademoiselle Madeleine Zillhardt. Esta última ha sido también la creadora de muchas piezas de loza, porcelana y metal enlozado del más exquisito buen gusto." (French Decorative Arts. International Studio. An Illustrated Magazine of Fine and Applied Art, New York 1920).
    Susan Arthur cita además que en el diccionario Glassmarken Lexicon (1600-1945), dedicado a los artesanos del cristal, se describe el estudio de Madeleine Zillhardt en Neully-Sur-Seine.

Perfume Bottle Quaterly, otoño 2013. En el margen superior derecho, fotografía en blanco y negro de un trabajo de Madeleine Zillhardt, que ampliamos en el círculo de abajo.

    Cuando comenzamos este artículo hemos echado un vistazo por las publicaciones de la época y fue así que nos encontramos con una buena cantidad de artículos que hablaban del trabajo de Madeleine Zillhardt. Era, evidentemente, una artista de gran prestigio en el campo de las artes decorativas. De ese repaso hemos sabido que Madeleine buscaba temas en el campo del arte popular y empleaba en sus decoraciones imágenes de la vida familiar. Participaba regularmente en las exposiciones de Arte decorativo que, en ese entonces, eran muy visitadas. 

Vitrina con las obras de Madeleine Zillhardt en una exposición de arte decorativo (1918).

    En un artículo de 1916 —esto es en plena Guerra Mundial— se la cita como una creadora de cristalerías y porcelanas que no trabaja en su propio atelier sino sobre la mesa de su casa (esto debido, muy probablemente, a la carencia de combustible para calefacción). «Siempre en la búsqueda de formas nuevas —leemos en el texto— los diseña ella misma, las lleva a cocer en talleres de especialistas y luego las decora a mano, antes de transportarlas para una segunda horneada; luego, las vende en las casas del ramo. Parecería más provechoso —asegura con lucidez el periodista—, para una mayor difusión de sus creaciones, un trabajo en serie, en lugar de dedicarse sólo al objeto de arte único y raro.» (El Arte francés moderno, enero de 1916)

Porcelana modelada y decorada por Madeleine Zillhardt.

    Según parece, Madeleine había estudiado durante mucho tiempo las técnicas de antiguos laqueadores de metales, arte que se había perdido varias décadas atrás, y había logrado reproducirlas luego de muchos años de experimentación. Con esta hazaña se había ganado un gran prestigio no sólo en el ámbito comercial sino entre sus propios colegas.

Obras de Madeleine Zillhardt. A la derecha, metales enlozados y esmaltados. Abajo, regadera en rojo y oro con motivos chinos.

    De esta manera hemos podido comprender quién había sido esta virtuosa Madeleine, escritora y artista, la mujer que durante cuarenta años estuvo al lado —no detrás— de otra gran mujer, Louise Breslau.



    Ahora continuaremos con Breslau diciendo que en 1901 fue condecorada con la Legión de Honor. Será la terera mujer y la primera no francesa en recibir tal distinción.

    Al año siguiente el Estado francés habrá de adquirir L'enfant songeur (El niño soñador) para el Museo de bellas artes de Rouen.

Louise Breslau, L'enfant Songeur, Museo de bellas artes de Rouen.

    En 1903 el galerista Georges Petit organiza la primera exposición personal de Louise Breslau, cien obras. Para la ocasión se edita un catálogo con prólogo firmado por Arsène Alexandre. La Galería Petit era comúnmente llamada «la calle de Sèze» por su localización en el N° 8 de esa arteria. Georges Petit (1856-1920) había abierto esta sala de exposiciones en 1877, la cual resultó una de las principales promotoras de los pintores del Impresionismo. Funcionó hasta 1933. Marie Bashkirtseff había asistido en muchas oportunidades a las exposiciones de esa galería de arte.

«Y luego fuimos a ver la Exposición de la calle de Sèze. Bastien, Saint-Marceaux y Cazin. Es la primera vez que veo las pinturas de Cazin y me sentí conquistada, es poesía. Pero La noche en el pueblo de Bastien no tiene nada que envidiarle a ese poeta de profesión llamado Cazin.» (Domingo 31 de diciembre de 1882)
Louise Breslau, Autorretrato, 1904.

    En 1906 la ciudad de París adquiere el retrato de Jean Carriès para exhibirlo en el museo del Petit Palais.

    Un año más tarde Louise Breslau ejecutará un cuadro representándose a ella misma y a Madeleine por segunda vez juntas. La vie pensive. Podríamos traducirla como La vida contemplativa. Louise la expondrá en el Salón de 1908 y más tarde será adquirida por el Estado suizo para el museo de Lausanne.

    «Breslau que, al comienzo de nuestra amistad, nos había representado a ambas en su cuadro Contre-Jour, quería, antes de que se extinguiese el último resplandor de nuestra juventud, pintarnos juntas una última vez (...) Las luchas y los pesares de la vida habían entonces ensombrecido nuestros rostros, que cargaban con la marca cruel del tiempo. Nuestra amistad, que las horas dolorosas atravesadas una al lado de la otra habían fortalecido, se había vuelto más grave...»

Louise Breslau, La Vie Pensive (1907), Madeleine Zillhardt y autorretrato de Breslau. Museo de bellas artes de Lausanne, Suiza.


    Dos años más tarde, en 1910, la galería Durand-Ruel organiza una muestra de sus pinturas de niños y naturalezas muertas que obtiene un resonante éxito por parte de la crítica, lo cual trae aparejado un aumento en los pedidos de retratos.

Louise Breslau, Niños sentados, sin fecha. Crédito de la foto: Wikigallery.

    La construcción de un colegio en predios linderos significará en 1912 la inminente demolición de la casa sobre el bulevar de Inkermann. Louise y Madeleine deben mudarse otra vez, en esta ocasión al N° 121 de la rue Borghese, a dos calles de allí. Breslau puede construirse un gran atelier.

Madeleine Zillhardt y Louise Breslau en la nueva casa en Neully-sur-Seine.


    En 1914 estalla Primera Guerra Mundial. Breslau reúne sus principales cuadros y los envía a Bordeaux.

    Junto con Madeleine y su hermana Jenny evacuan París hacia las costas del canal de la Mancha. «¡Qué mirada aquella última que echamos sobre la pequeña morada que acabábamos de acondicionar con tanto amor y que era el fruto de una vida de trabajo!»

   
    Sin embargo, acabarán por regresar a Neully algunos meses más tarde. En un París casi desierto, la vida continuaba, «quienes no sentían el corazón ni los nervios lo suficientemente fuertes se habían ido a cualquier lugar lejos del frente».
    Pero muchos, como Louise y Madeleine, permanecieron allí durante los cuatro años que duró la guerra. «En la época en que la Bertha [foto] lanzaba, cada veinte minutos, su gran obús, he visto a mujeres y a muchachas que trabajaban en una cristalería no alzar la vista de su trabajo cuando una detonación, más formidable que las otras, anunciaba que el proyectil había caído en las proximidades». Madeleine no hacía otra cosa, estaba en esa cristalería precisamente con sus obras de vidrio esmaltado.
    «Cada cual se crea una vida nueva y se las ingenia para ser útil al país. Muchas mujeres iban a los hospitales, se consagraban de mil maneras. Breslau, para quien el dominio de la pintura era el único que le era accesible, tuvo la idea de pintar retratos de soldados para que éstos puedan regalárselos a sus familias antes de partir hacia el frente.»

    «El primero en posar fue su amigo, el pintor Karbowsky, enrolado voluntario a los cincuenta y ocho años que permaneció en el frente hasta ser herido en Verdun.»


Louise Breslau, retrato del pintor Adrien Karbowsky.

    En 1915, la ciudad de París adquiere este retrato del sargento Adrien Karbowsky, pintor y decorador francés de origen polaco, para el museo Carnavalet.

    Luego fue Thierry de Martel, a quien ya había pintado de joven. Era un célebre cirujano que se destacó por su heroísmo en combate. Posó para Breslau cuando convalecía de sus heridas antes de partir nuevamente hacia el frente.

Louise Breslau, retrato del neurocirujano Thierry de Martel, en época de la Primera Guerra Mundial.
    Madeleine, en tanto, continuó con su trabajo aunque enfocado a la motivación patriótica. En Internet hay una buena cantidad de imágenes de los trabajos de Madeleine Zillhardt en tiempos de guerra, Faïences patriotiques se las llamaba y eran muchos los artistas y artesanos que abordaban la materia. Hay piezas de la época en venta en eBay.

Madeleine Zillhardt, Faïences patriotiques, piezas de loza esmaltada en tiempos de guerra.

    Después de la guerra, el estado de salud de Breslau se torna delicado. Los pedidos se vuelven más escasos.

    En cuanto a Madeleine, sobreviviente del conflicto, no podía saber en ese entonces que todavía habría de ser testigo, dos décadas más tarde, de la Segunda Guerra Mundial, otra vez el mundo habrá de estallar en llamas a su alrededor. Ella, que a los siete años también había vivido la guerra Franco-prusiana. «Durante mi infancia en Saint-Quentin, donde vivía con mis padres, había sido testigo de distintos episodios de la guerra de 1870. Puesto que esa ciudad era un punto estratégico fue tomada y retomada varias veces (...) los prusianos regresaban con fuerzas superiores frente a los cuales nuestros soldados eran obligados a abandonar la ciudad, dejándonos aterrorizados a la espera de los bombardeos y de las represalias del enemigo a su regreso.»

    Hélène, una de las nietas de la cantante Maria Feller —aquella que había sido la musa de Louise, cuarenta años antes—, se instala en la casa de Neully. Hélène se convierte entonces en su modelo favorita. Louise la representa en estudios y dibujos numerosas veces, en una serie de desnudos, despertándose y en el momento de su toilette.

Louise Breslau, Paresse matinale (Pereza matinal), 1918.

    Aunque retirada de la vida pública, Louise participará del primer Salón de después de la guerra, esto es en 1919.

Louise Breslau en la madurez

    La llegada de la paz vio agonizar a la Belle époque mientras que los años locos buscaban hacerse un lugar.

    En 1921 habrá una exposición de unas veinte de sus obras de los años '80 que obtiene un singular éxito. «Un abismo infranqueable se había abierto entre las jóvenes generaciones y aquellas de antes de la guerra. Breslau, que estudiaba concienzudamente las nuevas teorías sobre la pintura y visitaba las exposiciones vanguardistas fue profundamente perturbada por un arte que le parecía la negación de aquello que había amado toda su vida. Deseosa de echar una mirada abarcadora sobre el conjunto de su obra, en 1921 reunió en la galería Durand-Ruel sus principales cuadros, diseminados en los museos y los particulares. A despecho de la evolución de los gustos, la sinceridad de su arte y la penetrante observación en sus retratos obtienen una éxito de público, de crítica e, incluso, de venta.»

    Este año pintará su último autorretrato, La artista y su modelo. Frágil de salud, continúa aceptando pedidos de Francia y de Suiza.

Louise Breslau, La artista y su modelo. Hélène, la nieta de Maria Feller, 1921

    El Estado adquiere Chez soi, pintado en 1885.

    Entre 1924 y 1925 Louise viajará a Italia y a Suiza. Visitará a su familia en Zurich.

Louise Catherine Breslau en su casa de Neully-Sur-Seine. 

    En 1925 brindará una alocución ante mujeres artistas organizada por la Unión de mujeres francesas. Expondrá en Suiza. También en París con una retrospectiva de sesenta de sus obras, catálogo con prefacio de Arsène Alexandre.

Louise Breslau en su atelier durante sus últimas épocas.

    En los últimos dos años, la salud de Breslau se deteriora progresivamente. «Ya gravemene enferma, Breslau se obstinaba en pintar cada vez que sus fuerzas se lo permitían. Fue así como ejecutó un estudio de faisanes pero, a pesar de sus heroicos esfuerzos, mi pobre amiga dejó inconcluso una cesta de jacintos, su último cuadro, que abandona para sufrir la operación que, algunos días más tarde, traerá aparejada a la muerte.»

    Cumpliendo su deseo, fue enterrada junto a su madre, en el panteón familiar, que ella misma había proyectado, en Baden, en el cantón de Argovie, Suiza.

    «¡Qué tristeza! Avanzando en la vida vamos perdiendo poco a poco las cosas que nos han encantado. Los corazones que, durante largos años han compartido nuestras alegrías y nuestras tristezas, uno después de otro cesan de latir. Los vínculos profundos que nos relacionaban con la humanidad se van quebrando y no son reemplazados. Así, la sentimental soledad de la vejez nos prepara para la última y temible soledad de la tumba.»

    Sin embargo, después de escribir estas líneas, Madeleine habrá de vivir dos décadas más.




    Acercándonos al final del artículo, digamos aquí que, cuando buscábamos material para esta reseña, pudimos comprobar que ni ella ni Louise aparecen en los distintos portales de genealogía, que tanto esclarecen en la reconstrucción de las existencias de quienes se han ido de este mundo antes que nosotros. Claro, no han dejado descendencia.
   
    Madeleine y Louise han tenido la valentía de vivir juntas. ¿Podemos imaginarnos siquiera lo que habrá significado en aquellas épocas? Para tener una idea, veamos este recorte de la crónica diaria del periódico L'Aurore de 1906. El texto describe un accidente vial en el que estuvieron involucradas Louise y Madeleine. Un tranvía embistió al coche de alquiler en la que viajaban y ambas resultaron heridas. Allí, para el acta policial y para la anécdota, Madeleine declara tres años menos de los que ha cumplido, en tanto que Louise, diez. Pero lo significativo es el vínculo que manifiestan: son simplemente co-locatarias. Eso, por supuesto, para el señor de uniforme, puesto que todos sus conocidos saben que ellas son... amigas. Se han debido, pues, rendir a la mentalidad de su tiempo, esa que las confinó a aquel eufemismo o al de la amistad. Si estas líneas sobreviven cien años, tal vez no tanto, quienes las lean pensarán probablemente que mentalidad también es un eufemismo.

    ¿Habrán llorado esa maternidad que les fue prohibida? Louise Breslau amaba a los niños. Durante muchos años de su vida, consagró su pintura al retrato infantil. Su atelier, dicen, era una tienda de juguetes. Escuchemos a Madeleine: «A pesar de su carácter un poco severo, Breslau sabía hacerse querer por los niños, cuyo instinto advertía la ternura y la indulgencia que ella tenía para con ellos, de esa manera sus pequeños modelos posaban generalmente sin disgusto...»
    ¿Y Madeleine? Seguro que también. No lo sabemos a ciencia cierta porque, con la misma modestia salvaje con la que se Alexandre definió a su hermana Jenny, Madeleine escribió acerca de todos los amigos de Louise menos de ella misma, la más amiga entre los amigos, eufemismo o no.

    Pobre Madeleine. ¿Habrá sido feliz? Ojalá.

    ¿Habremos progresado mucho desde aquellas épocas? A veces parece que no demasiado.

Louise Breslau, La niña de la naranja. 
    


    Y, para ir terminando, volvemos a preguntarnos, ¿habrán coincidido Marie Bashkirtseff y Madeleine Zillhardt en la Academia Julian? Por el momento no tenemos respuesta. Hubo, eso sí, un episodio que ocurrió mucho antes de aquellos tiempos en que Madeleine y Louise pintaran juntas en el atelier de mujeres y del que, tal vez, Marie pudo haber sido testigo aunque seguramente no lo ha retenido debido a la —para ella— intrascendencia del incidente. No lo fue para Madeleine, que nos lo relata así: 
    «El atelier Julian ejercía para mí, que todavía vivía con mis padres en Saint-Quentin, una verdadera fascinación. Y cuando venía a pasar con ellos algún tiempo en París, mi mayor placer era ir, acompañada por mi doncella, a buscar a mi hermana al pasaje des Panoramas. Una tarde en la que, sentada tímidamente sobre el cofre del carbón de la antecámara —el acceso al atelier me estaba prohibido debido a la desnudez del modelo— yo esperaba pacientemente, aquélla, que sabía cuán deseosa estaba yo de entrever el santuario misterioso del que con tanto entusiasmo escuchaba hablar, se apiadó de mi curiosidad y me permitió echar un vistazo. 

Louise Breslau, retrato de Madeleine Zillhardt, sin fecha.

    «Detrás de la puerta, que mi hermana abría a medias, se encontraba una muchacha que me impactó por la originalidad de su rostro y de su apostura. Encaramada en lo alto de un taburete, la paleta en una mano y el pincel en la otra, estaba en trance de pintar. Los mechones rebeldes de su cabellos negros y rizados flotaban en torno de una frente enérgica y voluntariosa, bajo los cuales estaban engarzados unos ojos verdosos, ampliamente entreabiertos, con una mirada penetrante y fija —como la de ciertas aves salvajes— que escrutaba al modelo con una tan intensa voluntad de comprensión que parecía estar absorbiendo la forma y el color. Ante el ruido de la puerta, este raro personaje volteó la cabeza, un pliegue se marcó entre las cejas, los extremos de su boca, ligeramente arqueada y de labios apretados, descendieron un poco más y, descontenta sin dudas por haber sido importunada en su trabajo, me arrojó una mirada enfurecida que me hizo dar precipitadamente un paso hacia atrás. 
    «Entonces mi hermana me dijo: 
    «—Es Breslau.
    «¿Cómo podría yo haber adivinado que acababa de entrever a aquella que un día tendría en sus manos mi corazón y mi destino?»

Louise Breslau, autorretrato de juventud.



© José H. Mito



Fuentes:

- Arsène Alexandre, Louise C. Breslau, Les éditions Rieders, Paris (1928)

- Magdeleine Zillhardt, Louise Catherine Breslau et ses Amis, Editions Des Portiques, París (1832). Mi gratitud para el señor Jean-Paul Mesnage que ha escaneado para mí todo este libro al que tanto aprecio y que tan difícil es de conseguir.

- Christine Huguenin, Femmes artistes peintres à travers les siècles, (tomo 2), Bibliotèque Numèrique Romande (2014)





Todavía no hemos leído:

- Louise Breslau, de l'impressionisme aux années folles (del impresionismo a los años locos). Catherine Lepdor, Anne-Catherine Krüger, and Gabriel P. Weisberg, Edition Skira, Paris, Seuil, 2001.

- Breslau Louise. Lettres (cartas) à Sarah Purser (1884-1926), National Library of Irland, Dublin. Irlande.

Monsieur Edgar Degas. Madeleine Zillhardt. Ed. L’Echoppe. Agosto 2015

Podrían ser tema para otro artículo.






Del Índice de personajes citados en el Diario de Marie Bashkirtseff.


  Louise Catherine Breslau y Madeleine Zillhardt en el Glosario de la versión en español del Diario de Marie Bashkirtseff, de próxima aparición, actualmente en etapa de revisión general. La edición constará de dos volúmenes con un total de poco más de mil seiscientas páginas, de las cuales alrededor de cien estarán ocupadas por este índice de los miles de personajes citados —la mayoría mencionados sólo por el apellido— a los cuales en gran medida hemos podido identificar para este trabajo de traducción. La edición integral en francés del Cercle des Amis de Marie Bashkirtseff publicada entre 1995 y 2005 abarca dieciséis tomos. Esta versión en español es una selección de textos escogidos que representan un cuarenta por ciento del total, con una rigurosa continuidad narrativa, en la que se pretende rescatar a la verdadera Marie Bashkirtseff para el público hispanoparlante.




Marie Bashkirtseff Dixit: «Ese eclipsamiento de la mujer ante la superioridad del hombre amado debe ser el más grande goce de amor propio que pueda experimentar una mujer superior.» (Martes 5 de noviembre de 1878)






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