Tras el rastro del barón de Saint-Amand


La condesa de Castiglione y Marie Bashkirtseff, autorretrato con Paleta (1882).




    Hoy, mientras continuamos alumbrando un poco los arcanos del olvido, desentrañaremos un misterio. Le dedicaremos este artículo a la paradoja de alguien absolutamente desconocido y sin embargo dueño y artífice de una obra increíblemente exitosa, aún hoy en día.

    Pero antes daremos un pequeño rodeo.



    Primer presidente electo de la Segunda República francesa, Luis Napoleón Bonaparte —sobrino de Napoleón—, luego de sus cuatro años de mandato, en 1852 perpetró un golpe de estado que lo convirtió en Napoleón III, segundo emperador del país galo.


    Viene al caso acotar aquí que por aquel entonces hubo una mujer —una italiana— que, durante los dos cruciales años en los que el destino de una Italia unificada estaba sobre el tapete y Francia arbitraba la cuestión, jugó un rol de vital importancia en la corte imperial. La condesa de Castiglione, aquella que en los salones de la alta sociedad era considerada la mujer más hermosa de Europa, fue —secreto a voces— la amante del emperador durante 1856 y 1857.
    Lo que nadie sabía y sólo se pudo comprobar más de un siglo después, fue que detrás de la frívola veleidad de Virginia de Castiglione (imagen) se escondía una espía al servicio de Victor Manuel, rey de Italia.
    «He cumplido con éxito mi misión". Nos dejará escrito Virginia en su Diario.
    Y no sólo eso: «Mi madre fue una tonta. Si en lugar de remacharnos el uno a la otra, a Castiglione y a mí, hubiese tenido la buena inspiración de llevarme a Francia unos años antes, no sería una española la que reine en las Tullerías sino una italiana ...»

   
     Como sea, este Segundo imperio se extendió por espacio de casi dos décadas sin que nada indicase que la situación podría cambiar, sobre todo después de que la emperatriz Eugenia de Montijo (imagen), aquella española, diera a luz en 1856 a un heredero al trono. Sin embargo, la derrota en la guerra Franco-prusiana de 1870 y la captura del propio emperador —él mismo se había empeñado en comandar a sus 120.000 hombres (frente a un adversario que prácticamente lo doblaba en número)— condujo al fin del sueño imperial y al advenimiento de la Tercera República. 

Napoleón III y Otto von Bismark después de la batalla de Sedán, en 1870



    «La guerra nos empujó a Ginebra. Yo, con el corazón repleto de amarguras y de proyectos de desquite.» (del Prefacio del Diario de Marie Bashkirtseff)

    Los Bashkirtseff, que habían salido de Rusia en 1867 y que luego de la guerra se instalarían en Niza, aristócratas como eran, recalarían en el ambiente de los viejos bonapartistas destronados, esos que no habrían de abandonar la esperanza de retornar al poder. Las Mouzay, de quienes ya hemos hablado, los Gavini, los Canrobert, Cassagnac, de los que ya hablaremos, todos ellos formaban el círculo de quienes añoraban los esplendores del pasado imperial.

 
    Apuntemos aquí que Marie Bashkirtseff, bonapartista en principio, terminará convirtiéndose en ¿convencida? republicana. El psicólogo argentino Anibal Ponce (foto), en un meduloso y extenso estudio sobre su personalidad, que volcó en su obra Diario íntimo de una adolescente, nos aleccionó acerca de que esa alquimia no fue producto sino del desencanto amoroso con Paul de Cassagnac, según su parecer. Pero eso será tema para otro artículo.

Paul de Cassagnac, rompecorazones.

    Ya en París, es en esos mismos círculos bonapartistas que Marie conocerá a quien habrá de convertirse en uno de sus más fieles amigos: el barón de Saint-Amand, misterioso personaje de quien hasta el momento no hemos logrado dar con su fotografía.

    Marie Bashkirtseff tenía, en ese entonces, veintiún años en tanto que el barón, cuarenta y cinco.

«En casa de los Gavini me presentaron a monsieur de Saint-Amand. El famoso diletante, artista, entendido, impulsor de primas donnas y de mujeres de mundo, el amigo de todas las mujeres lindas. Sigue la moda o la hace. Le habían hablado mucho de mí y pude notar que examinaba con gran atención al sujeto.» (Domingo 1° de febrero de 1880)

    ¿A qué se refería Marie con esta descripción? Mucho tiempo nos llevó descubrir que una de las actividades de este muy insondable personaje era la coreografía.

«Saint-Amand me ha hecho una jugarreta que me fastidió. Conoció y está lanzando a una pequeña nueva actriz que había pasado un instante por el atelier y he ahí que se acercó con ella y me vi entonces obligada a dirigirle la palabra.» (Viernes 14 de setiembre de 1883

    Como habremos de ver, la mesura no parecía formar parte de su personalidad.

«Saint-Amand se mostró muy exaltado. Dijo que me pondrá en la cumbre de la moda. (...) Saint-Amand enloqueció a la vuelta, me sostenía las manos, declamaba versos y me llamaba su hija.» (...) «Saint-Amand llegó para recitar La noche de octubre [de Alfred de Musset] pero yo no la he aprendido todavía y entonces me escurrí, impaciente por tener mi primera sesión con la norteamericana.» (Martes 20, martes 27 de abril de 1880)

«Saint-Amand vino a almorzar y se condujo como un desquiciado. Ya es bastante conocido como chiflado, por lo demás, su padre estuvo loco y él ya está sobre la pendiente.» (Sábado 20 de mayo de 1882)

    Estaba muy relacionado con varios medios de la época y publicaba y hacía publicar artículos en algunos de los muchos periódicos de la capital francesa, de allí la referencia de Marie a que podía encumbrar a primas donnas o, incluso, a ella misma. En más de una oportunidad ensalzará los cuadros de Marie Bashkirtseff, a su belleza o, meramente, a su forma de vestirse.

«Saint-Amand ha hecho imprimir algunas líneas sobre mi cuadro en el Voltaire.» (Viernes 21 de mayo de 1880 )

Marie Bashkirtseff, Muchacha leyendo La cuestión del divorcio [de Alejandro Dumas, hijo]. Retrato de su prima Dina expuesto en el Salón de 1880.

«Saint-Amand hizo un artículo en el Sport sobre el estreno de la Patti, en la cual aparezco citada, "muy bella, tipo eslava, muy rubia, muy suave, vestido blanco con guirnalda de rosas en el pecho, ha expuesto un cuadro muy notable" y qué se yo. El Sport es muy leído, fue gentil de su parte.» (Sábado 12 de marzo de 1881)
«Saint-Amand me pide detalles y prepara un lanzamiento en regla en el Sport y en el «Cuaderno de un hombre de mundo» del Figaro que escribe madame de Peyronney (la vizcondesa de Létorières), que es inspirada por Saint-Amand en cuanto a la mayor parte de las noticias mundanas.» (Sábado 19 de marzo de 1881)
«Llegaron de París cuatro nuevos extractos de periódicos, dos de los cuales son vapuleos. Pero no es nada. El Sport habló con complacencia, de la pluma de Saint Aghathe [Saint-Amand], y luego los demás han hecho coro. A la hora que es, veinte han hablado de mi cuadro, tres fueron diatribas, una de las cuales por P. Orell.» (Martes 14 de junio de 1881)

    Pauline Orell era el pseudónimo de la propia Marie Bashkirtseff en el periódico La ciudadana. El cuadro en cuestión es El atelier de mujeres, del que ya hemos hablado en los primeros artículos de este blog.

    En 1881 Marie Bashkirtseff comieza a llamarlo Agathe, nombre femenino que proveniente del griego antiguo y significa «bueno». Marie no tenía dudas acerca de este rasgo distintivo en la personalidad del barón. 

«Saint-Amand nos encontró en la puerta y exclamó en voz alta: —¡Muy hermosa!— y me hizo bailar para hacerme ver. Puesto que él ya casi no baila, todo el mundo nos observó.» (Miércoles 23 de marzo de 1881)
«¡Estoy en París! (...) ¡Ah! ¡Qué bien se está en el seno de la familia! Bueno, por familia entiendo a los objetos inanimados… Y Saint-Amand, a quien olvido, ha pasado todos los días y subido inmediatamente… Alegría y fraternidad. ¡Esa es la belleza!» (Sábado 5 de noviembre de 1881)

    En cuanto al género, todo parece indicar que nuestra autora sí las tenía.

«Por la tarde tenía modelo y cometí la estupidez de dejar entrar a Saint-Amand. De más está decir que no pude trabajar y… había que verlo, ¡pero si estuvo absolutamente exaltado! y hasta intentó pellizcar a esa pobre chica, a la que yo había envuelto a las apuradas con un paño, ¡si no!... No, por principio es preciso no dejar entrar a nadie. Para aquellos que no están acostumbrados a la desnudez eso debe parecerles más que insólito. La chica posaba detrás de un biombo, ¡qué habría sido si la hubiese visto desnuda! Dicen que es menos que un hombre y sin embargo la sola idea de que detrás del biombo había una mujer desnuda le había cambiado la voz y los ojos… Zola, ¿dónde estás? Es innoble…» (Martes 3 de octubre de 1882)
«Si no temiese al qué dirán me casaría inmediatamente con Saint-Amand y sería libre y estaría tranquila en tanto espero encontrar al ser… supremo… Pero hablarían, inventarían algún sucio misterio, porque… se sabe que Saint-Amand no está completo.» (Sábado 14 de julio de 1883)

    En los últimos años, con una intensidad a prueba de toda duda, Marie expondrá en su Diario una firme intención de contraer matrimonio con el barón. En el apelmazado medio del que era oriunda, tener un marido era, paradójicamente, la única opción para obtener una relativa independencia. Sus expectativas estaban puestas, sin embargo, en Jules Bastien-Lepage, de quien imaginaba convertirse en amante.

«Pues bien, me casaré con Saint-Amand, me le insinuaré a Bastien-Lepage y éste me amará. Cuando sólo se trata de tener un amante agradable la gente se entrega fácilmente y yo sabré llevarlo bien, de manera de hacerme amar por las buenas. Una mujer casada lo puede todo cuando el hombre no está enamorado de otra…» (Domingo 12 de agosto de 1883)

    Aunque, tal como había ocurrido siempre, nuestra heroína sólo podía amar a quien la desdeñase así que en cuanto Saint Amand se mostró interesado, ella reaccionó con desprecio.

«Ahí tienen por qué me tengo que casar con Saint-Amand, a quien odio después de que sé que pretende casarse conmigo.» (Domingo 19 de agosto de 1883)

    A lo largo del último año y medio de su vida, decenas serán las entradas en las que Marie Bashkirtseff hablará de su proyecto de matrimonio —sin amor— con su amigo el barón. Sólo se detendrá en los últimos meses de su vida, cuando la enfermedad se vaya acentuando y un porvenir posible aparezca cada vez más deslucido ante sus ojos. 
«Mientras espero adelgazo, no salgo, no veo a nadie, esto no es vida. Tengo 2… años. Esas señoras están locas y sueñan con un príncipe encantado que jamás vendrá a buscarme en mi vestido negro manchado de colores. Tendré que organizar mi vida ¿cómo? ¿Saint-Amand? Pero para eso habría que construir una casa, organizar el lado material y mi innoble familia no se resolverá jamás a eso. Con Saint-Amand tendré un salón interesante, sería vivir mientras trabajo….» (Miércoles 23 de enero de 1884)




    Ahora bien, ¿quién era este personaje del que Marie Bashkirtseff sólo menciona su apellido, barón de Saint-Amand, y que, como tal, rehuía nuestras persistentes búsquedas?

    Meses de obstinado rastreo nos llevó a comprender que el barón no se apellidaba tan sólo Saint-Amand sino Imbert de Saint-Amand. Nos convencimos cuando encontramos este documento:

Orden de la Legión de honor para (el barón) Imbert de Saint-Amand, Arthur-Léon, ministro plenipotenciario de 1ra. clase.

    Es el legajo oficial en el que se deja asentado su condecoración con la Legión de honor en grado de Comandante por su actividad como Ministro plenipotenciario.

    Marie había escrito:

«Es barón, ministro plenipotenciario, sub jefe o jefe de algo en el ministerio, un talento de escritor pasable, sobre todo como compilador, una fortuna con el tiempo, buenas cenas, seguramente llegará a la Academia.» (Sábado 14 de julio de 1883)

    Muy difícil resultaba que hubiese habido dos Saint-Amand ministros plenipotenciarios en la misma época. Eso debido a la excepcionalidad de su función: ministro plenipotenciario es un embajador extraordinario habilitado para tomar decisiones en nombre de su país.

«Saint-Amand, día por medio, como de costumbre. Está decepcionado porque pensaba obtener el lugar de monsieur de Courcel, enviado a Berlín… Dios me perdone, les estoy dando las noticias del mundo y de la ciudad… ¡Y la fiebre y la peribronquitis y las congestiones!... ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!» (Jueves 15 de diciembre de 1881)
    Alphonse Chodron de Courcel (1835-1919) fue un diplomático francés. En 1881 fue, efectivamente, designado embajador ante el imperio de Alemania, función que desempeñó hasta 1886.
 
    «Un talento de escritor pasable, sobre todo como compilador», hacía además referencia a su principal actividad, la de historiador, que lo había llevado a dejar escritas decenas de obras sobre la vida de los personajes de las Tullerías, el palacio de gobierno durante la monarquía de los últimos Luises y el Segundo Imperio.


Algunas de las obras del barón Arthur-Léon Imbert de Saint-Amand.

    A propósito, hemos encontrado un foro de temas históricos en el que se habla acerca del Saint-Amand historiador y escritor:

    «Era devotamente católico y monárquico. (...) Sin embargo, teniendo en cuenta sus prejuicios, Saint-Amand es imparcial con todos los personajes sobre los que escribe. Se podría pensar que no podría serlo con los secularistas del siglo XVIII, pero sorprendentemente lo es. (...) Saint-Amand nació demasiado tarde. Aunque uno personalmente habría estado del lado de Voltaire, Diderot (etc.), Saint-Amand hubiese sido un oponente digno de ellos (a diferencia de Rousseau). Habría sido muy interesante si hubiesen sido contemporáneos.»
    https://forum.cosmoquest.org/archive/index.php/t-112109.html

    Así que, aún cuando su propia persona ha caído completamente en el olvido —en el momento en que escribimos estos párrafos, el barón no tenía ni una entrada en Wikipedia, en ningún idioma— sus obras, que por lo visto no han perdido vigencia, continúan reeditándose:

Reediciones actuales de las obras del barón de Saint-amand.

    Reparemos entonces la omisión de Wikipedia:

    Arthur-Léon Imbert de Saint-Amand nació en París el 22 de noviembre de 1834 en una casa en la que hasta dos años antes habría residido Victor Hugo. Habrá de morir en la capital francesa el 22 de junio de 1900, a los sesenta y cinco años.
    Su padre, de quien Marie no habla precisamente bien, el barón Bernard Imbert de Saint-Amand (1788-1864), había sido un destacado militar.
    Fue ahijado del escritor Sully Prudhomme.
    Arthur-Léon Imbert de Saint-Amand ha sido ante todo un historiador y escritor de temas históricos que fue testigo de primera mano y narró la vida de las personajes del palacio de la Tullerías durante la corte de los últimos Luises y los años del Segundo Imperio.
    Llevó además una vida de diplomático con brevet de ministro plenipotenciario, aunque desconocemos más detalles de esta actividad.
    En tiempos de Marie Bashkirtseff ocupaba una jefatura en el ministerio de Relaciones exteriores aunque también estaba relacionado con el teatro —alguna fuente lo cita como coreógrafo, aspecto que el Diario de Marie parece confirmar— y con el periodismo sin que se pueda precisar si trabajaba efectivamente en el Sport o escribía por afición. 
    Ha dejado escritos entre sesenta y cien libros, según la fuente que se consulte.
    Fue condecorado con la Legión de Honor, la más importante de las distinciones francesas, en tres oportunidades: en 1863, con el grado de Caballero y en 1870, Oficial, ambas durante el Segundo Imperio, y en 1898 la República le otorgó la de Comandante.

    De esta manera, identificado al fin, allí teníamos a nuestro personaje, aunque sin otras precisiones ni una fotografía, que sí había tenido Marie:

«Géry, a quien le regalamos un cántaro de plata en recuerdo de [la novela romántica de la escritora Fanny Reybaud] Misé Brun, nos envió una muy grande caja de bombones, lo mismo que monsieur de Morgan. Saint-Amand nos dio su retrato encuadrado y creo que eso fue todo.» (Domingo 31 de diciembre de 1882)
    
    Sin embargo, un nuevo dato apareció. Jean-Paul Mesnage, presidente del Círculo de Amigos de Marie Bashkirtseff y además editor del Bulletin de liaison, su publicación periódica, me lo brindó. Debo aclarar aquí que, ante la disyuntiva acerca de quién de ambos redactaría este artículo, Mesnage condescendió amablemente a cederme la iniciativa, mal que le pese al lector. La información de la que yo carecía es la que describo a continuación:

   
    Doce años antes de que el barón de Saint Amand conociera a Marie Bashkirtseff y doce años después del affaire entre la condesa de Castiglione con Napoleón III, Virginia y Saint-Amand sostenían una tempestuosa relación. El Diario y una inmensa correspondencia de la condesa de Castiglione habían servido como base para que el historiador Alain Decaux escribiera una reveladora biografía de la amante de Napoleón III: La Castiglione, volumen que monsieur Mesnage ha tenido la generosa gentileza de aportarme. 
    En sus páginas, Arthur-Léon Imbert de Saint-Amand aparece como un hombre desesperadamente enamorado de una esquiva Virginia de Castiglione.
    Así, entre las muchísimas epítolas que Virginia conservó de él, Saint-Amand le escribe un día:
    «Si no me escribes que vaya mañana domingo a Passy, yo sabré de una vez por todas que no sientes el menor afecto, la menor simpatía por mí. Prefiero todo, incluso un adiós irrevocable, al estado de angustia en que estoy.»
    A lo que Virginia le responde: 
    «¿Pero qué es lo que tienes? ¿Y qué es lo que quieres? ¡Ve al teatro!»
    Lo sabemos, porque su enamorado le devolvió la esquela intercalando su respuesta entre líneas:
    «¿Pero qué es lo que tienes?»
    «La locura, la fiebre, el amor.»
    «¿Y qué es lo que quieres?»
    «¡A ti!»
    «¡Ve al teatro!»
    «No es en el teatro donde quiero estar, es en tus brazos, mi corazón contra el tuyo, mis labios en tus labios. Virginia dear, Virginia darling, te amo y te beso con toda mi alma.»

    Mucho después, en unos tiempos en que Saint-Amand había caído en desgracia, Virginia, motu propio, le enviará generosamente una carta de recomendación para su amigo Thiers, presidente de la República, pidiendo que se lo reintegre al ministerio. El honor de Saint-Amand le impedirá hacer uso de la misiva y se la devolverá con estas líneas:
    «Aquel que tanto te ha amado, que te ama todavía y no te olvidará jamás, ha vuelto a ver, con una emoción profunda, tu querida caligrafía. Cuando todo el mundo lo abandonaba, tú te has acordado de él. Bendita seas... No me atrevo a esperar verte algún día. ¡Sea tu voluntad! Pase lo que pase, te amaré siempre... siempre.»

Virginia de Castiglione por Michele Gordigiani, 1862. 

     ¿Podrían ser este Saint-Amand-Werther y el Saint-Amand-atolondrado o femíneo o eunuco, ese que describe Marie, la misma persona? ¿Habría exagerado ella? ¿Estaría cayendo él en el mismo desquicio que su padre? ¿O es que el barón le seguía el juego al carácter alocado y a veces demasiado travieso de su amiga?

    Mucho tiempo hemos dudado pero había que rendirse a las evidencias. Lo terminaron de confirmar estos párrafos aportados por monsieur Groslier, miembro del Círculo de Amigos de Marie Bashkirtseff:



    Arthur-Léon Imbert de Saint-Amand continuó junto a Marie hasta el final y la despedirá —según el editor Pierre Boreel— de la manera en que aparece en el recuadro. Tal vez estas palabras no hayan emanado precisamente de la boca de Saint-Amand sino de la imaginación Boreel —otro de los controvertidos editores de los textos de Marie Bashkirtseff— pero estamos convencidos de que, en esencia, es lo que el barón hubiese querido dejarnos dicho:

    «¡Qué vacío ha dejado entre nosotros nuestra gran amiga! ¡En qué magnífica artista se habría convertido aquella que ha partido demasiado temprano!», respondía Maria Bonaparte a una evocación de su muy querida memoria, lo cual le hizo expresar a Imbert de Saint-Amand, frente a un retrato de Marie:
    «Esta imagen representa al ángel que lloramos. Cuánto de ideal hay en ella, cuánto de adorable. Esta muerte me ha puesto enfermo de tristeza. El tiempo, en lugar de suavizarla, la agrava. Siento que he perdido a mi mejor y más encantadora amiga.»
    «Velaré sobre su santa y querida memoria, téngalo por seguro. Pobre Marie. ¡La quería tanto! ¡La admiraba tanto!»


© José H. Mito





Del Índice de personajes citados en el Diario de Marie Bashkirtseff.

 Arthur-Léon Imbert de Saint-Amand en el Glosario de la versión en español del Diario de Marie Bashkirtseff, de próxima aparición, actualmente en etapa de revisión general. La edición constará de dos volúmenes con un total de poco más de mil seiscientas páginas, de las cuales alrededor de cien estarán ocupadas por este índice de los miles de personajes citados —la mayoría mencionados sólo por el apellido— a los cuales en gran medida hemos podido identificar para este trabajo de traducción. La edición integral en francés del Cercle des Amis de Marie Bashkirtseff publicada entre 1995 y 2005 abarca dieciséis tomos. Esta versión en español es una selección de textos escogidos que representan un cuarenta por ciento del total, con una rigurosa continuidad narrativa, en la que se pretende rescatar a la verdadera Marie Bashkirtseff para el público hispanoparlante.







Marie Bashkirtseff Dixit: «El genio no se adquiere pero para tener talento hay que trabajar.» (Miércoles 24 de marzo de 1880)






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